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Campeón de Boca

miércoles, junio 27, 2012

A remarla en el Pacaembú

Boca Juniors 1 - Corinthians (Brasil) 1

Tras la primera final, la sensación en el paladar es agridulce. Boca tiene experiencia copera y los bosteros sabemos mejor que nadie que la premisa en estos casos es ganar, como sea. Medio a cero es una gran ventaja. Pero se empató, y habrá que remarla y mucho en el Pacaembú para poder levantar el máximo trofeo continental por séptima vez.
Corinthians es un equipo raro. Desde ya, en nada se parece a los clásicos equipos brasileros, y justamente estar tan fuera del molde es lo que lo hace tan peligroso. Para un espectador imparcial, especialmente si gusta del fútbol brasilero, lo de hoy fue un dolor de ojos. Los jugadores del Timão no tuvieron empacho en pegarle de punta afuera y despreciar el balón como jamás vi en un equipo paulista. Pero ellos vinieron a hacer su negocio y con el agónico empate salieron hechos. Habrá que ver cómo responden de local, con la obligación a cuestas, y de nuestro lado implorar que la mística xeneize escriba una página más en nuestro glorioso historial.
El partido fue cerrado al máximo. Los brasileros salieron a defenderse a como de lugar, y lo hicieron sin sonrojarse. Boca salió a jugarlo, pero nunca pudo ser claro ni dominar a un rival mañoso. El primer tiempo boquense fue muy flojo, y en el complemento el equipo se mostró un poco más activo, aunque sin incomodar a los visitantes.
El gol de Roncaglia encendió la mecha de la ilusión, y para ser honesto, más que pensar en ampliar la ventaja a esa altura firmaba con moño el 1-0. Tanto, que el empate agónico de Corinthians me recordó por qué: era un partido mal barajado ante el único invicto de la Copa que la definiría de local. Más allá de mi sensación, me parece que a Falcioni y compañía les faltó astucia para leer el encuentro: ¡el momento daba más para pinchar el partido que para buscar el segundo! Y para colmo, tras el empate agónico de Romarinho, el travesaño le negó a Viatri la victoria, y Cvitanich no pudo empujar bien el rebote. ¿Suerte de campeón? Esperemos que no.
Si digo que la sensación es agridulce y no agria, es porque Boca conoce de hazañas en tierras foráneas. La realidad es que no será una empresa sencilla. Porque más allá del optimismo que tenemos los boquenses, sabemos que hoy era la noche para hacer la gran diferencia.

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