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Campeón de Boca

sábado, abril 21, 2007

Tributo al 7

¡El Guille todavía no se fue y los bosteros ya lo estamos extrañando!


Macaya, hacé un comentario de esta. ¡Grande Guille! Hiciste lo que cualquier hincha de Boca hubiera hecho en tu lugar.

En esta oportunidad quiero compartir con todos ustedes un texto que nos mandó un lector del blog.

Naipe escribió:
No había primavera ni invierno, ni frío ni calor. Era el barrio, la esquina. Era la gente y sus pertenencias. Ahí estaba la pelota. Y todo tenía que ver con descubrir el misterio del entrañable amor por el fútbol. La amistad, la solidaridad, los códigos y los desafíos, crecer desde el respeto, sentir la presencia de vivir juntos y pensar en todos, no se si por buenos o por códigos con valor de ley. Ni alcahuetes ni botones, ni egoístas ni miserables. El barrio tenia leyes propias que no cumplirlas implicaba la sanción de no ser respetado. Ahí había gente de laburo, solidaria, abrazada al compromiso de alcanzar el respeto y defender desde la más sincera convicción la pertenencia, la identidad. Cuando se lograba ese respeto entonces se podía disfrutar de la vida y era como sentirse seguro de que uno nunca iba a estar solo. Por esos lugares, precisamente, apareció un juego que, según dicen, le pertenecía a los ingleses.
Es probable que en algún descuido, un amigo mío se robara una pelota que le escapó a la imprecisión de la pegada de alguno de los que jugaban y cayó en la periferia. Ese amigo mío le dio un trato diferente, esa pelota sintió desde los barrios el respeto, por ella y por el juego, y sintiéndose protegida, acariciada, mimada, defendida, pero dominada, después de convertirse en el juguete preferido de esos barrios, se integró al orgullo para generar en la competencia un lugar de pertenencia apasionada. La pasión y belleza encontraron un estilo, no solo en el juego sino en el hincha, cuando se iluminó la pelota y sus rebeldías. Cuando se rindió ante el pie dominante del jugador y la sensibilidad de la gente que le decía "vení, quedate acá”. Así nacía un estilo que se sostiene desde el imaginario de los pibes. Y Guillermo Barros Schelotto, elevado al pedestal de ídolo precisamente por juego y convicciones que tiene mucho que ver con todo esto. Los que sostienen que eso del estilo argentino es verso son los que nunca entendieron el mensaje del fútbol y se hicieron (y se hacen) los giles, porque su único principio es el negocio.
Cuando aparecen los que no se rinden, como el mellizo, los barrios sostienen los sueños. Agradecen la vigencia de los ángeles de la inspiración que tanto acompañaron a Diego y siguen jerarquizando la riqueza infinita de una historia iluminada por el candor de tipos como Guillermo. Porque ellos son los que hacen a un estilo que orgullosamente nos pertenece. Como dice Vázquez Montalbán: "No hay verdades únicas, ni luchas finales, pero aun es posible orientarnos mediante las verdades posibles contra las verdades no evidentes, luchar contra ellas. Se puede ver parte de la verdad y no reconocerla pero es imposible contemplar el mal y no reconocerlo".
Cuanto mal se le hace a la gente cuando no se defiende nuestra identidad. Mientras haya un pibe que cante una zamba, en ese mismo lugar estarán vivos los Manuel Castilla, Tejada Gómez, etc. Mientras en la ciudad suenen los acordes de un tango revivirán Lepera, Homero Expósito, Manzi, Discépolo. Y mientras nuestro fútbol sea capaz de parir rebeldes como Guillermo Barros Schelotto, cobrará vigencia la ilustre magia de los Pedernera, Sívori, Di Stéfano.
Mientras haya rebeldía, habrá un sueño, una esperanza. Y la certeza de que no todo esta perdido.

¡Naipe, muy bueno lo tuyo! Como siempre, están todos invitados a mandar fotos, comentarios o anécdotas del gran 7 de La Boca.

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